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Celular -Por María José Devia (Córdoba, Argentina)

  • Foto del escritor: Pensando En Voz Alta
    Pensando En Voz Alta
  • 21 jul 2023
  • 2 Min. de lectura

Estaba tirado pantalla arriba en la mesa de luz cargando baterías, cuando me agarró la primera vez. 1:07, ya debería estar durmiendo. Hoy fue un día difícil, de esos en que me siento un pulpo electrónico.

No nos quedaron pendientes para mañana, excepto ese mail que guardé en borrador. Lo abrió un montón de veces hoy, pero nunca se decidió por un asunto: “Hola Dora”, “Buongiorno Principessa”, “Hola amor”. Le temblaba la mano cuando intentaba escribir, y no le podía pedir ayuda a nadie del trabajo como hace siempre. Estaba solo, una vez en el baño, otra en el auto, y la última en la cola del súper.

Ya miró la hora tres veces 1:32, 1:47 y 1:54. Abrió WhatsApp, pero no escribe. El contacto “Mamá de Manu” está en línea.

Enfermo no está. No transpira, no está caliente, ni me dejó a un lado después de llamar al contacto “Mami”. Casi nunca la llama, y casi nunca la atiende cuando ella lo hace.

Activamos dentro de pocas horas. A las 6:30, 6:40, 6:50 y 7. “Manu al jardín” dice la agenda. Treinta minutos de YouTube al ritmo de “La Granja de Zenón”. Termino caliente y pegajoso cuando me devuelve. Se ve que a Manu no le enseñaron a lavarse las manos.

“Reunión Nueva Secretaria” a las 11. Estaba entusiasmado cuando lo agendó. Éstas son las pocas reuniones que le gustan. Es un contacto de apellido Oficina. Llamadas largas, mensajes y muchos emojis. Y un día contacto Oficina sube al auto y a mí me dejan descansar. Es como un manual, siempre hace lo mismo.

“Mamá de Manu” sigue en línea. 2:17. No le escribe, pero se le acelera el pulso. Abre Facebook y aprovecho para mostrarle unos chinos haciendo productos increíblemente innecesarios con una pista sonora monótona ideal para anestesiar un insomne, pero no tengo éxito.

“Odontólogo” a las 17. Quizás escribió mal, hace quince meses la agenda marcaba la cita con odontóloga. La muela que le dejó de doler cuando llevó el vino a la casa de “Dani Odontóloga” le debe haber empezado a molestar de nuevo.

Última conexión de “Mamá de Manu” 2:37. Se sienta de golpe en la cama y abre ese mail que guardé en borrador. Tiembla, pero no se detiene. Lágrimas humedecen la pantalla a medida que va uniendo caracteres, espacios y palabras. Voy de mano en mano mientras se limpia la cara, parece que a él tampoco le enseñaron a lavárselas.

“Sé que la cagué mil veces, y que me perdonaste otras mil. Pero esta vez en la distancia aprendí, no sé estar lejos de ustedes. Manu nos necesita juntos, necesita una familia. Hace cuatro meses que no duermo, por favor, dame una última oportunidad. Te juro que cambié. Te amo”.

En el asunto se limita a escribir, “Perdoname”, y envía el mail. Entra a Instragram, tira un par de fueguitos, y por fin, se duerme.


 
 
 

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