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Tentativa - Por Salvador Álvarez Becerra (Querétaro, México)

  • Foto del escritor: Pensando En Voz Alta
    Pensando En Voz Alta
  • 29 jun 2023
  • 4 Min. de lectura

El oficial de policía abre con cautela la puerta que conecta a la cima del edificio. El vagabundo, quien se encuentra ya a un paso del vacío, lo observa. Sin comprender lo que sucede, una multitud reunida fuera del edificio presencian con morbo la posible tragedia.


—Ok amigo, todo está bien. Sé que tú no quieres hacer esto, por favor retrocede

—No se atreva a dar un paso más o saltaré sin pensarlo dos veces —Da un paso y deja las puntas de sus pies de cara al vacío.

—Está bien, me quedaré aquí, pero por favor no haga algo estúpido, usted en el fondo no quiere hacer esto.

—Usted no sabe lo que yo quiero señor, no me conoce. No sabía de mi existencia antes de subir aquí y no se acordará de mí después de mi muerte.

—Tiene razón, no lo conozco, pero le puedo asegurar que vivir es siempre la mejor alternativa.


Una fuerte ráfaga de viento llega y mueve sus cuerpos, el vagabundo tiene que sujetarse del barandal para no caer. Es un día de verano del mes de julio, el cielo está gris y hay pronóstico de lluvia.


—¿Según quién oficial? Usted no sabe un carajo, solo mírese lo ridículo que se ve con ese uniforme. Pretende ser un héroe y me habla de cosas que ni siquiera usted cree solo porque piensa que es lo que quiero escuchar. Déjeme decirle una cosa, si supiera las cosas que yo sé estaría aquí conmigo a punto de saltar también.


—¿A qué se refiere?


—A que no importa lo que usted diga, no tiene forma de influir en lo que me suceda, en lo que nos suceda a ambos. Ya he tomado esta decisión, o mejor dicho, alguien más ya lo ha decidido por mí. Ni siquiera yo tengo control sobre mi destino. Salte o no salte, no depende de mí.


—¡Claro!, solo Dios está atrás de cada una de nuestras decisiones. Él tiene un plan para todos, por eso debemos ponernos en sus manos. —El oficial da dos pasos hacia delante y extiende su mano —le invito a que haga lo mismo.


—No se acerque, oficial. Le repito, un paso más y mis manos soltaran el barandal. No sea ingenuo, no hablo de su Dios, cuando me refiero que hay un poder superior que controla cada una de nuestras acciones. Hablo de algo mucho más grande y poderoso que rige nuestras vidas, incluyendo la de ese Dios suyo.


—¿Pero de qué estás hablando? No hay nadie que te obligue a saltar y abandonar este mundo para siempre. Piensa en tus seres queridos.


—Ya no queda nadie en este mundo oficial, no hay nadie más que usted y yo y todas estas personas que se han detenido unos minutos a ver cómo acabo con mi vida. No es casualidad que ellos estén aquí ni tampoco usted oficial, alguien nos ha puesto aquí en este preciso instante para manipularnos a su conveniencia. Somos sus marionetas y él el maestro de ellas.


—Mira, creo que necesitas ayuda, estás teniendo un delirio de persecución muy fuerte. Nadie te espía y mucho menos está controlándote, solo tú eres dueño y responsable por tus decisiones, créeme.


—¡Usted no entiende! Todas las personas nacen y mueren en la completa ignorancia, sin tener nunca una oportunidad de ser libres. No se dan cuenta de que sus vidas dependen de las decisiones de alguien más, como yo lo hago, por eso pienso poner fin a este teatro.


El vagabundo arroja una mirada determinante al vacío y un silencio lo impregna todo alrededor. El oficial, quien se ha quedado sin palabras y sin esperanzas, piensa en solo una cosa por hacer...


—¿Qué fue eso? —De un sobresalto, el oficial desenfunda su pistola sin saber hacia dónde apuntar

—Se lo dije oficial, es de quién le he estado hablando todo este tiempo. El final se acerca y él quiere que usted también pueda verlo.

—¿Pero quién dijo esas palabras? ¿De dónde proviene esa voz?

—Se lo dije, esa es la voz que narra esta historia, es el maestro de las marionetas.

—¿Pero es Dios quién me habla?

—No, no es Dios, es alguien más que se divierte controlando nuestras vidas, Dios debería ser benévolo, este ser parece ser de lo más malvado.

—Debe ser un error, me estaré volviendo loco también. ¿O es esto acaso un sueño?

—Siempre lo ha sido.


En el horizonte el cielo comienza a colapsar, cuadro por cuadro, toda la ciudad se va cubriendo de una negrura inerte.


—Tengo que apresurarme, la historia está por terminar

—¡Espera! —El oficial camina hasta al borde del edificio y se para junto a él —¿Crees que morir es la única escapatoria?

—Lamentablemente no, tanto tú como yo estamos destinados a vivir esto una y otra vez cada vez que alguien lea esta historia.


Todo el espacio continúa desmoronándose y contrayéndose a mayor velocidad anticipando el final.


—¿Entonces para qué saltar?

—No lo sé, quizá con la muerte venga también la libertad. Además así es cómo esta historia debe terminar.

—¿Y qué pasará conmigo?

—Parece que él espera que también saltes, busca intimidarte. Te dije que si supieras lo que yo sé estarías parado en mi lugar, sin embargo, debes quedarte y albergar la esperanza de que en cada uno de nuestros encuentros, en cada nueva lectura, puedas recordar que ya hemos estado aquí antes y así algún día logremos escapar de este loop infinito.

—Pero...

—¡No hay tiempo!

—¡Tengo miedo, no sé qué debo hacer!

—No temas, recuerda que siempre nos volveremos a encontrar. ¡Aquí viene!


El oficial dispara un par de veces antes de ser devorado y emite un grito ensordecedor que se ahoga tan rápido como desaparece. Cuando el vagabundo salta, el mundo como se le conoce ya no existe, no queda rastro de algún ser con o sin vida en él. Queda tan solo un vacío inconmensurable y sin coordenadas. Queda tan solo el silencio.




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